28-F: nada que celebrar

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28-F: nada que celebrar

A tan sólo un día del 28-F, volvemos con un editorial que probablemente levante ampollas entre la clase andalucista que se ha instalado durante tantos años en el colectivo de esta artificial comunidad autónoma que se basa en el delirio islamista de Blas Infante de crear un Estado andaluz independiente de España basado en la gloria de al-Andalus y hermanado con Marruecos, y que hasta el presente, Susana Díaz, se ha encargado de seguir su obra financiando hospitales y colegios en ese país, obviando el genocidio saharaui, antes de solucionar los muchos problemas que hay en su querido “reino de taifas” que tanto se le llena la boca de ensalzar en los mítines antes de las elecciones.

Como la Junta de Andalucía ya tiene su potente aparato propagandístico para promover el andalucismo, que se ha convertido en un gran negocio, desde aquí nos postulamos como el contrapeso de esa perniciosa influencia que ningunea la real diversidad cultural e histórica de las comarcas que forman este ente político-administrativo.

Porque cada vez somos muchos más los abanderados del cambio y los que luchamos con el único poder de la palabra para desmontar el mito del andalucismo, motivar el espíritu crítico de la gente y denunciar las mentiras que reiteradamente se van convirtiendo en “verdad” debido a la manipulación, sobre todo para el público más joven.

Como ya hemos mencionado en otras ocasiones, el neologismo de Andalucía proviene de al-Andalus que no era solamente esta comunidad autónoma, sino la inmensa mayoría de la Península Ibérica; en definitiva, así era como llamaban los musulmanes a la Iberia de los griegos, a la Hispania de los romanos o a la Sefarad de los judíos. Durante la Época Medieval y tras la conquista cristiana [reconquista ya es un término trasnochado], Andalucía se comenzó a utilizar como un término geográfico para designar la frontera entre los territorios cristianos y musulmanes, o lo que es lo mismo, para referirse a los últimos territorios peninsulares dominados por los musulmanes, que tampoco eran estrictamente los límites de la actual comunidad autónoma de Andalucía, sino los reinos de Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia y, más tarde, Granada, sin contar los reinos nominales de Algeciras y Gibraltar (hay que recordar que los límites de estos antiguos reinos no se correspondían con los límites de las actuales provincias).

Por lo tanto, bajo el nombre genérico de Andalucía teníamos una vasta zona geográfica, con muy variadas y distintas raíces históricas y culturales, con el único denominador común de haber sido el último territorio peninsular bajo dominio islámico y es ridículo que solamente ese motivo sea el justificante de la cohesión histórica y cultural de la comunidad autónoma que nos quieren vender, ya que incluso hay 2 siglos de diferencia entre la conquista cristiana de los reinos del Valle del Guadalquivir y del reino de Granada por ejemplo. Como símil podríamos comparar el norte peninsular, que poseen el denominador común de no haber sido conquistado por casi ninguno de los pueblos invasores de la Península Ibérica pero por el contrario no conforman un ente político-administrativo basado únicamente en ese parámetro, pues tienen raíces históricas y culturales de distinta índole, como sucede en el sur.

Andalucía, como región compuesta por 8 provincias nació de la mano del ministro Javier de Burgos que reorganizó España en provincias basadas en un principio racionalista que provenía de Francia, ya que los Borbones provienen de allí y trajeron con ello su idea de Estado centralizado. Como ente político-administrativo nació con el Estado de las Autonomías, aunque en algunas provincias y comarcas se opusieran al modelo de la Andalucía autonómica única durante varias etapas históricas.

Actualmente, la Junta y su aparato mediático, Canal Sur, nos bombardean con la supuesta cultura común de Andalucía y con el supuesto dialecto andaluz, que es una auténtica falacia. Según el andalucismo, las sevillanas y el flamenco son propios de Andalucía, cuando en realidad las sevillanas, como su propio nombre indica, son propias de Sevilla, y el flamenco tiene su origen en el pueblo gitano, por lo que es un estilo artístico transversal en toda España. Gracias a esta sobredimensión de las sevillanas y el flamenco, se obvian otras realidades culturales como por ejemplo las jotas del norte y este de la comunidad, comunes a las limítrofes Extremadura, Castilla-La Mancha y Murcia. En cuanto al presunto dialecto andaluz, es obvio que quien tenga un mínimo conocimiento real y empírico de esta vasta región, puede vislumbrar que existen varios dialectos dentro de ella. Pero eso no interesa promover, preservar, difundir y exportar; mejor seguir alimentando el “monstruo” de la Andalucía uniforme que tiene más tirón gracias a las sevillanas, al flamenco, a la feria de abril, a la Semana Santa y a la romería de El Rocío unido a la imagen cateta de una comunidad que no avanza porque sigue anclada en la pantomima de presumir de la incultura y de hacerse el gracioso a jornada completa.

Desde aquí, reivindicamos que somos betures y balutíes y que el día que nosotros queremos celebrar es el 8 de Septiembre que es el día de Extremadura, nuestra verdadera cultura, y no la de la “Andalusía” uniforme sevillanizada.

Aquí os dejo un artículo de opinión de Armando Robles muy en consonancia con mi editorial:

http://www.alertadigital.com/2014/02/28/blas-infante-el-absurdo-mito-andaluz/

 

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