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Columna literaria: “En el doblao”

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Columna literaria: “En el doblao”

La confusión de conceptos impera en nuestros días. La desvirtuación terminológica gobierna la sociedad. Ya muchos no sabemos ni lo que decimos o, mejor dicho, ni lo que queremos decir. Uno de los términos que se confunden es el de cultura. La mayoría entiende cultura como sinónimo de industria cultural. Relegan la verdadera cultura, inmaterial, a mero folklore. La desprestigian con el apelativo de “popular” que contraponen a élite. Cuando en realidad la cultura elitista es artificiosa per se y la cultura popular es intrínseca a la naturaleza humana. La cultura de una comunidad  es todo aquello que la hace existir y la diferencia de otras. La lengua o dialecto, la música y el baile, la gastronomía, las fiestas, tradiciones y costumbres, la vestimenta y la arquitectura. En España, tenemos una manía imperiosa de obviar los rasgos culturales; de asimilar las regiones culturales con los entes político-administrativos. Estos entes artificiales serían las élites y las zonas culturales, el pueblo. Pero la aculturación desde las élites absorbe al pueblo, olvidando su cultura matriz. La uniformidad autonómica gana adeptos a los que no les interesa nada más que controlar al rebaño. Da igual que sean churras o merinas. Lo importante es que estén bien aleccionadas desde pequeñas. Ovejas que llevo viendo desde que tengo uso de razón. Y no puntualmente de excursión a una granja escuela con el colegio. Provengo de un valle muy verde y ondulado que visualmente podría confundirse con alguno del norte peninsular. Pero solamente nos conformamos con ser el “doblao” de Andalucía. Es una dehesa infinita donde las encinas, y no los olivos, son la arboleda reinante. También hay cerdos pero ésos los hay por todo el país. Por allí no pasa el AVE aunque solamos usar esa muletilla al acabar las frases. Nuestra habla cantarina y desganada es idéntica a la de Extremadura pero según la Junta, todos hablamos andaluz y no se hable más, nunca mejor dicho. Quizás lo que falle sea que no tenemos otra lengua distinta al castellano y por eso sea más difícil reivindicar nuestras raíces. En esa tierra de la que hablo, se baila la jota; perdón, se bailaba, porque ya la sevillana se ha hecho emperatriz del baile y todos tan contentos con la sevillanización. Yo crecí escuchando palabras tan sonantes como “changar”, “engrillotar”, “chinato”, “chispenear” o “pitera”. Palabras que están en el acervo cultural de mi tierra y que no puedo utilizar bajando Sierra Morena porque simplemente no las entienden o se burlan. En mi tierra, no se sesea ni se cecea y se usa la “s” castellana, que no cordobesa ni sevillana. Pero no puedo expresar mi orgullo cultural plenamente y sin complejos porque en el DNI pone que nací en la provincia de Córdoba y en la comunidad autónoma de Andalucía. El capricho racionalista de un afrancesado llamado Javier de Burgos me lo impide. El Estado de las Autonomías construido sobre la artificialidad lo ampara. El sistema educativo perpetúa la supuesta cultura uniforme autonómica que nos ha tocado. La televisión pública ayuda a que nos sintamos andaluces sin darnos cuenta de nuestra particular idiosincrasia. Y sin espíritu crítico, por supuesto que pronto seremos los más andaluces de la región. Sustituiremos el “chacho” por el “illo”, el “ave” por el “ea”, dejaremos de comer “repápalos” y de decir chiquinino al minino.

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Paisaje del Valle del Guadiato, concretamente Belmez

 

FUENTE TEXTO E IMAGEN: FRAN GALLARDO

Balutíes por el mundo (II): la República de Salé

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Balutíes por el mundo (II): la República de Salé

Para celebrar estas fiestas y poco antes de finalizar el año, volvemos con una nueva entrada dedicada a la historia de los antiguos habitantes del territorio que bautizamos como Balutia, y en definitiva, dedicada a nuestra historia, a la historia de nuestros antepasados, historia olvidada o ignorada en la mayor parte de los casos.

Para poneros en situación, nos remontaremos al año 1610, en el que el rey de España, Felipe III, ordena la expulsión de todos los moriscos de la Corona de Castilla por Real Decreto; éste no era un hecho aislado, ya que también iba acompañado de la expulsión de todos los moriscos en la Corona de Aragón. En esa época, se llegaron a desterrar de su país a 300.000 personas aproximadamente, gentes que llevaban viviendo en España generación tras generación al menos durante 9 siglos y eran tan españoles como los castellanos, aragoneses y navarros o como los sefardíes, que también serían expulsados anteriormente en 1492 por los Reyes Católicos. Por otra parte, la expulsión de los moriscos venía precedida por numerosos intentos de conversiones forzosas o exilios y de aculturación propiciada por la Monarquía Hispánica, con sus consiguientes rebeliones, guerras y deportaciones hasta que finalmente llegaron los decretos de expulsión de España.

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Embarco de moriscos en Valencia tras su expulsión

La mayoría de esos moriscos expulsados, se exiliaron en la Berbería y en el Imperio Otomano aunque algunos lograron arribar a América durante la colonización, según las crónicas de la época, aunque lo tenían terminantemente prohibido también. Así fue como Argel, Orán, Tetuán, Fez, Tánger, Tlemecén, Xauen, Túnez, Salónica, Estambul, El Cairo o el Líbano, entre otros, fueron creciendo en población e integrando a la vez la cultura morisca en sus cimientos.

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Desembarco de moriscos en Orán (Argelia)

Pues bien, de esos 300.000 moriscos expulsados de toda España, nos centraremos en los 3.000 que fueron expulsados de Hornachos, localidad extremeña situada actualmente en la comarca de Tierra de Barros. Aunque Hornachos no formó parte de la cora de Fahs al-Ballut durante la época islámica, ya que pertenecía a la cora de Mérida, sí que formó parte de la Beturia Túrdula bajo el nombre de Fornacis; por ese motivo, tratamos el tema.

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Ubicación de Hornachos en la comarca de Tierra de Barros, en la Baja Extremadura

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Fornacis, Hornachos en la Beturia Túrdula

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Panorámica de Hornachos frente a su Sierra Grande

Los hornacheros, que habían embarcado en el puerto de Sevilla, se instalaron primeramente en la ciudad mediterránea de Tetuán, lo que fue aprovechado por Muley Zaidán para reclutarlos para la lucha por el poder contra su hermano Muley Xeque, ambos hijos del sultán Ahmad al-Mansur de Marruecos, que había fallecido en 1602. Aunque Muley Zaidán fue el vencedor, ninguneó a los moriscos que le habían ayudado a ganar la batalla haciendo que éstos maldijeran la Berbería y desertaran para finalmente establecerse en la desembocadura del río Bu Regreg, en la costa atlántica. Al llegar a esta desembocadura, se asentaron en el margen izquierdo del río, en la ciudad apodada como Salé la Nueva (actual Rabat, capital de Marruecos), ya que en la orilla de enfrente se situaba la ciudad de Salé, que aunque poblada también por moriscos, se trataba de andalusíes exiliados mucho tiempo atrás, por lo que rechazaron a los hornacheros recién llegados, que se distinguían de sus congéneres por los siglos de más de aculturación cristiana en la Península Ibérica que quedaba patente en aspectos como la vestimenta, la lengua castellana, nombres y apellidos o su islamización puesta en tela de juicio, llegando incluso a ser apodados como “los cristianos de Castilla”.

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Ubicación de las ciudades de Salé y Salé la Nueva (Rabat) en la costa atlántica de Marruecos

Las ciudades de Rabat y Salé eran utilizadas por el sultán marroquí como base de los corsarios o piratas para que atacaran la flota europea y cometieran incursiones en los países cristianos desde el tiempo de las Cruzadas y, sobre todo, a partir de la toma de Constantinopla (1453) por los turcos otomanos. Entre estos corsarios, se encontraban principalmente berberiscos y turcos otomanos pero también europeos renegados, sobre todo holandeses, ingleses y franceses. Sin embargo, los moriscos hornacheros fueron los que ejercieron mayor influencia y poder en estas ciudades costeras y en 1626, aprovechando la debilidad del sultanato marroquí y con el beneplácito del caid (gobernador), Sidi al-Ayachi (de etnia morabita), declararon la independencia de la República de Salé. Esta república corsaria atrajo a numerosos refugiados moriscos de la Península Ibérica, andalusíes de otras partes de Marruecos y de la Berbería, más renegados europeos, sefardíes pero también comerciantes cristianos. Se hicieron famosas sus incursiones en Ceuta y en las costas del Reino de Sevilla y del Reino de Granada, que pertenecían a la Corona de Castilla y, por ende, a la Monarquía Hispánica. Llegarían incluso a sitios tan lejanos como Islandia.

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Diferentes banderas de la República de Salé

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Mapa de la República de Salé (1627-1668)

La república estaba en todo su apogeo económico cuando se desataron las luchas internas por el poder entre los moriscos hornacheros y los antiguos andalusíes que llevaban allí mucho más tiempo. Finalmente, se resolvió todo con un acuerdo en el que se dividirían equitativamente los 16 puestos del gobierno, el beneficio de las mercancías y esclavos y los derechos de aduanas. Mientras todo esto se aclaraba, los hornacheros por su parte le propusieron un tratado de entrega de la República de Salé a la Monarquía Hispánica de Felipe IV en 1631 a cambio de algunas condiciones, entre las que se encontraban poder volver a su tierra de origen, Hornachos, algo que jamás conseguirían, ya que el acuerdo se interrumpió por nuevas luchas internas acaecidas en 1636, en las que intervendría el Reino de Inglaterra apoyando a los indígenas morabitos y en contra de los moriscos hornacheros. A partir de 1640, la república cayó en manos de los berberiscos del Valle del Muluya hasta que en 1668, fue reintegrada en el Sultanato de Marruecos, bajo la recién llegada dinastía alauí, procedente del Reino de Hedjaz (en la actual Arabia Saudí), que actualmente sigue gobernando el país. Sin embargo, mantendría su actividad corsaria hasta 1829.

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Puerta de la Casba (alcazaba o fortaleza) de los Udayas, centro de poder de los hornacheros

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Ciudadela de la República de Salé

CON NOMBRE PROPIO

A la República de Salé también se la conoce como República de Rabat-Salé, República del Bu Regreg o República de las Dos Orillas.

Los cuatros moriscos hornacheros firmantes del tratado para entregar la República de Salé a la Monarquía Hispánica fueron Mahamet ben Abdelkader, gobernador de la Casba (alcazaba), el caid (gobernador) Bexer Brahin de Bargas y los escribanos Mumamet Blanco y Musa Santiago.

Entre los piratas moriscos más célebres encontramos a Alonso de Aguilar “El Joraique”, Mami Arráez o Manuel de Guadiana.

También se tiene constancia de moriscos llegados a América durante la colonización como Alvaro González de Hornachos o María Ruiz de Albolote además de esclavos moriscos granadinos llevados por sus dueños.

Muchos de los habitantes de la Berbería (Marruecos, Argelia y Túnez) todavía conservan antropónimos que dejan patente su origen morisco: Carrasco, Palomino, Blanco, Pérez, Rodríguez, Medina, Toledano, Almodóvar, Piro (Pero o Pedro), Balafrej (Palafox), Bargash (Vargas), Mulina (Molina), Baes (Páez o Báez), Sordo, Moreno, Chiquito, Conde, Luis, Méndez, Morisco, Palau, etc.

 

Balutia: tierra de jotas, tarantas y mineras

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Balutia: tierra de jotas, tarantas y mineras

Quizás, para la inmensa mayoría de los españoles, la música y el baile típico de Andalucía sean las sevillanas, la copla o el flamenco ignorando de esta manera una gran y variada riqueza cultural que se da en nada más y nada menos que 87.268 km² que ocupa la actual comunidad autónoma.

Tal vez también, si le refieres la jota a la mayoría de la gente, pensará o en la letra del abecedario o en el baile típico de Aragón por antonomasia.

Pues bien, empezaremos desmitificando las dos afirmaciones anteriores señalando que ni las sevillanas son el único baile típico de Andalucía, ni lo son la copla o el flamenco. Las sevillanas, como bien indica su nombre, son el baile típico de Sevilla mientras que la copla es un estilo español y el flamenco según algunas hipótesis es de origen gitano, morisco o resultado del mestizaje acaecido en España. Por otra parte, la jota es una danza española extendida por diversas regiones del país y por tanto, no es únicamente patrimonio de Aragón, aunque sea en este caso la más difundida y conocida.

Podemos encontrar jotas en Aragón, en Castilla, en León, en Valencia, en Navarra, en La Rioja, en Cantabria, en Asturias, en Galicia, en Extremadura, en Murcia, en Cataluña, en Canarias e incluso en algunas antiguas posesiones coloniales españolas como Filipinas o Colombia pero también podemos encontrar jotas en la Comunidad Autónoma de Andalucía, concretamente en la Alta Andalucía (o Región de Granada) y en Los Pedroches y Valle del Guadiato (Norte de Córdoba) que forman parte de lo que llamamos Balutia.

Jota Belalcázar

Jota de Belalcázar (Los Pedroches)

Jota Pedroche

Jota de Pedroche (Los Pedroches)

Aunque la Junta de Andalucía, que más bien debiera denominarse Junta de Sevilla, y su canal público Canal Sur intenten convecernos de que existe un dialecto andaluz, de que Andalucía es una nacionalidad histórica o de que las sevillanas, la copla y el flamenco representan la cultura uniforme de todas las zonas de la comunidad autónoma, desde este blog reivindicamos el folklore autóctono de Los Pedroches y el Valle del Guadiato, en este caso, ya que aquí compartimos con Extremadura y Castilla las jotas, uno de los múltiples factores que nos unen a esas tierras.

Jota Castuera

Jota de Castuera (La Serena)

Jota Almodóvar

Jota de Almodóvar (Valle de Alcudia)

Por desgracia, y aunque la jota en Los Pedroches goce de una importante revitalización, en lugares como Belmez (Alto Guadiato), se ha perdido su baile y música autóctona, la jota belmezana, y se aprenden y bailan las sevillanas como si de su propio folklore se tratara, provocado por el centralismo sevillano y la preponderancia cultural que ejerce sobre todas las comarcas de la actual comunidad autónoma unido al desinterés de los lugareños que prefieren crear asociaciones taurinas o futbolísticas de equipos foráneos y a las administraciones públicas que creen que invertir en cultura es simplemente poseer un museo obsoleto.

Jota Belmez

Jota de Belmez (Valle del Guadiato)

Además de las jotas, en las zonas mineras de Balutia como por ejemplo Peñarroya-Pueblonuevo o Almadén, se originaron otros cantes típicos: las tarantas y las mineras que surgieron del intercambio cultural provocado por el auge de las minas y los consiguientes flujos migratorios desde el Levante o el Sureste peninsular (Almería y Cartagena-La Unión).

En conclusión, la música y el baile autóctono de Balutia son las jotas y en las zonas mineras además las tarantas y las mineras; ni las sevillanas ni el vito cordobés. No son estilos ni más prestigiosos ni más vulgares pero no son nuestros estilos y esperamos en un futuro próximo poder protegerlos en algunos casos y recuperarlos en otros.

Para finalizar, os dejamos con un vídeo en Youtube de la Asociación Folclórica Cultural “Juan Navarro” con sede en Torremolinos, que se dedican a escenificar todos los bailes típicos de las distintas zonas culturales de la actual Comunidad Autónoma de Andalucía. Gracias a ellos, podemos disfrutar de la jota belmezana, que ni siquiera sus habitantes tienen la suerte de saber bailarla ni de aprenderla en el propio pueblo.

Reflexión sobre el romanticismo en política

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Reflexión sobre el romanticismo en política

Últimamente, en estos tiempos que corren enmarcados en un mundo cada vez más globalizado, paradójicamente están surgiendo muchos movimientos regionalistas o nacionalistas o tomando mayor vigor los que ya existían desde épocas anteriores pero hasta ahora habían estado latentes o solapados.

Quizás te preguntarás cómo en un mundo cada vez más globalizado en el que aspiramos a la unión y no a la separación, toman fuerza estos movimientos que ya se creían del siglo pasado. Pues bien, la respuesta quizás haya que buscarla en que el mundo está globalizado a nivel económico y mediático pero no a nivel cultural y ante la hegemonía de algunos estados o culturas preponderantes, otras que son minoritarias se rebelan contra la mayoría reclamando su sitio en esta aldea global llamada mundo.

De esta manera, surgen nacionalismos y regionalismos por doquier que provocan reacciones radicales desde ambos lados pasando desde el patriotismo a la xenofobia y desde el no diálogo hasta las guerras civiles o limpiezas étnicas sin contar la fricción que se produce en la sociedad en esos territorios.

Pues bien, ni los nacionalismos o regionalismos son una bestia negra que haya que combatir por encima de derechos sociales básicos ni tampoco hay que dejarlos en el olvido como si no pasara nada pues eso recrudece todavía más el ambiente y radicaliza más aún ambas posturas.

El nacionalismo y el regionalismo surgieron, o mejor dicho, tomaron mayor trascendencia, en la época del Romanticismo en el siglo XIX donde emergieron principios como la valoración de la etnicidad (folklore), de lo exótico, de lo autóctono y del sentimiento en lo que a política se refiere. ¿Y quién tiene potestad para decirnos que en política no hay que hablar de sentimientos? Absolutamente nadie. La política es un vehículo que se creó para servir al pueblo y el pueblo somos personas y esas personas, como seres humanos que somos, tenemos sentimientos que es realmente al fin y al cabo lo que nos mueve y lo que mueve el mundo, ya sean buenos o malos.

Una política fría, autoritaria, sin órganos vitales, lejana al pueblo y desprovista de sentimentalismos es justamente lo que se viene dando en el mundo y es lo que provoca apatía, decepción, frustración, impotencia o ira entre el pueblo. La política necesita emocionar y transmitir, ser creíble y servir de herramienta al pueblo para ceder a su voluntad, pues nosotros somos los que los ponemos en el poder, en las democracias claro está.

Por eso, desde la Región de Balutia defendemos un nuevo regionalismo sano, cuyo crecimiento incipiente demuestra la necesidad del individuo de reafirmar su cultura dentro de un grupo afín y no dentro de una estructura administrativa artificial con la que no se siente identificado y en la que ha sido aleccionado desde que tiene uso de razón para carecer de espíritu crítico y no replantearse las cosas. Un regionalismo en el que no defendemos que seamos mejores ni peores que otras zonas de España, pero sí diferentes. Un regionalismo que no promulga estar por encima de otras zonas, sino que reclama tener la visibilidad cultural que hasta ahora no ha tenido. Un regionalismo que está en contra del patriotismo y del nacionalismo exaltado pero también de la uniformidad u homogeneización que nos quieren vender desde las diputaciones provinciales o desde los gobiernos autonómicos.

Y para terminar, nos quedaremos con una de las frases del célebre Gustavo Adolfo Bécquer, uno de los principales rostros del Romanticismo en España: “El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo”.

ROMANTICISMO

Cantabria y La Rioja: un modelo a seguir para Balutia

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Cantabria y La RiojaLas actuales comunidades autónomas uniprovinciales de Cantabria y La Rioja eran solamente unas de las muchas comarcas castellanas repartidas entre varias provincias (Palencia, Burgos y Soria) hasta 1833 que se erigieron en provincias diferenciadas con el nombre de Santander y Logroño respectivamente pero todavía dentro de Castilla la Vieja, llegando a convertirse en autonomías independientes de ésta en 1981, a pesar de no haber existido precedentes en la historia.

Además, ambas provincias cambiaron su nombre definido por sus capitales por otro nombre genérico que englobara a todas las comarcas sin sentirse agraviadas por su capital, adquiriendo Santander el nombre histórico de Cantabria, antiguo ducado visigodo de mayor extensión basado a su vez en el nombre de uno de los numerosos pueblos prerromanos que coexistían en la Península, los cántabros.

Por otra parte, la antigua provincia de Logroño adoptó el nombre de una histórica merindad de Castilla la Vieja y de una de sus comarcas naturales, de mayor extensión que la actual comunidad autónoma llamada La Rioja.

A día de hoy, ambos regionalismos, tanto el cántabro como el riojano, gozan de una gran aceptación entre sus habitantes habiendo movimientos procastellanistas desde otras provincias castellanas y no tanto desde estos territorios a pesar de su reciente separación de Castilla si bien es verdad que hasta hace relativamente poco tiempo, en la comarca de Cameros no había sentimiento de riojanidad identificando La Rioja con los valles y no con la sierra.

Sin duda, éste podría ser uno de los posibles modelos a seguir para Balutia en una hipotética reorganización territorial del Estado español, donde las comarcas que la forman podrían convertirse en una entidad provincial o autonómica siguiendo el ejemplo de Cantabria y La Rioja, adoptando el nombre histórico de Beturia, Turdulia o Balutia (Fahs al-Ballut castellanizado) y reafirmando así su particular idiosincrasia, supeditada a día de hoy a las provincias o autonomías que la conforman y diluyendo su propia cultura.

¿Quién sabe si pudiera ser una posible vía para Balutia en una futura e inminente reorganización territorial?

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El invento de Andalucía: Javier de Burgos, Blas Infante y PSOE/UCD

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El invento de Andalucía: Javier de Burgos, Blas Infante y PSOE/UCD

Partimos de la base de que el término moderno Andalucía no es sinónimo del término histórico al-Andalus. También partimos de la base de que Andalucía no es una de las nacionalidades históricas, como nos han querido vender desde la Junta. También partimos de la base de que si no hubiera un centralismo tan fuerte en Sevilla y se potenciaran las diferentes culturas e idiosincrasias que se dan en este amplio territorio y no se exportara el tópico sevillano para toda Andalucía, no estaría escribiendo ésto ahora mismo posiblemente. Pues bien, después de partir, avancemos…

La región de Andalucía como tal apareció nada más y nada menos que en 1833 (siglo XIX), hace tan sólo 181 años exactamente, con la nueva división provincial y regional de Javier de Burgos, secretario de Estado de Fomento bajo la regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, basándose en los principios racionalistas del Nuevo Régimen que ya habían convertido las históricas provincias francesas en departamentos según criterios geográficos, en los que se basó, ya que se trataba de un afrancesado.
Pues bien, este hombre mediante una simple circular, creó un Estado centralizado. Hasta ese momento, en la actual Andalucía, existían 6 reinos históricos: Sevilla, Córdoba, Jaén, Granada, Algeciras y Gibraltar; aunque estos dos últimos más nominales que efectivos. A los reinos de Sevilla, Córdoba y Jaén se les conocía popularmente por el nombre genérico el Andalucía, que no era más que un término geográfico como lo pudiera ser el Levante, la Meseta o la Cornisa Cantábrica, distinguiéndolo de Granada que era otra región como lo pudiera ser Murcia.
Javier de Burgos ni corto ni perezoso dividió los reinos de Sevilla y Granada en 3 provincias cada uno, convirtió los reinos de Córdoba y Jaén en provincias, cambiando algunos de sus límites y denominó a las nuevas 8 provincias resultantes como la región de Andalucía.

Reinos de Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada hasta 1833 Andalucía y Granada hasta 1833Región de Andalucía por Javier de Burgos a partir de 1833Más tarde llegaría el “genial” Blas Infante por 1910 inventándose el andalucismo que promulgaba que Andalucía tenía cohesión cultural y era una nacionalidad histórica diferenciada en España. Hasta entonces había existido una débil autoconciencia de la existencia de Andalucía como pueblo, frente al fuerte sentimiento localista o provincialista, que en muchos casos sigue patente y en otros latente.
Por otra parte, durante la I República Española de 1873, se había elaborado un proyecto de Constitución Federal en la que aparecerían Andalucía Baja (Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz) y Andalucía Alta (Jaén, Granada, Almería y Málaga) como dos Estados diferentes pero nunca llegaría a promulgarse debido a la caída del gobierno.
En 1924, la Diputación Provincial de Granada aprobó un proyecto de bases para la creación de una Mancomunidad de Andalucía Oriental, a la manera de la Mancomunidad de Cataluña, que no llegó a prosperar. En 1933 (tras 100 años justos de haber reunido Javier de Burgos los reinos históricos en la región de Andalucía), tuvo lugar la Asamblea de Córdoba para abordar la propuesta de la Diputación Provincial de Sevilla de elaborar un estatuto de autonomía para las 8 provincias durante la II República Española de 1931, con la asistencia del “padre de la patria andaluza” pero fue un fracaso ya que el andalucismo aún no había cuajado y se retiraron los representantes de 4 provincias que estaban en contra del proyecto de la Andalucía de las 8 provincias: Granada, Almería, Jaén y Huelva.
Estados de Andalucía Baja y Andalucía Alta durante la I República Federal en 1873Por último, cuando cuajó más el invento del andalucismo con marca sevillana sobre las 8 provincias y todas sus comarcas, fue en 1981 en el proceso autonómico liderado por dos partidos de la transición, como son el desaparecido UCD y el superviviente PSOE en el que UCD Granada apostó por dos autonomías: Andalucía Occidental (Sevilla, Córdoba, Cádiz y Huelva) y Andalucía Oriental (Granada, Almería, Málaga y Jaén), siguiendo la estela de la división tradicional histórica entre Andalucía y Granada o Baja Andalucía y Alta Andalucía pero encontró una fuerte oposición en el PSOE que desde Sevilla defendía una autonomía única para las 8 provincias y finalmente consiguieron lo que ni Javier de Burgos ni Blas Infante habían conseguido: crear el sentimiento andaluz y la unidad cultural andaluza con disfraz sevillano que es totalmente falsa, ya que omite la rica variedad cultural que existe en una vasta región de 87 268 km², que va desde el Algarve del Océano Atántico hasta la Murcia del Mar Menor y desde la Meseta y Sierra Morena hasta los Sistemas Béticos pasando por el Valle del Guadalquivir y la Cuenca del Guadiana.
De nada serviría que la provincia entera de Almería dijera NO al Estatuto de autonomía junto a las comarcas más orientales de las provincias de Granada y Jaén o que Huelva hubiera querido unirse durante la Segunda República a Extremadura como su tercera provincia y su salida al mar; la Andalucía sevillana se impuso y sus cánones con ella, anulando el resto de realidades culturales para siempre y sometiendo a esta región a dos fuertes centralismos: el de Madrid y el de Sevilla hasta el día de hoy.
Comunidad autónoma de Andalucía desde 1981

Fuentes Imágenes: Asociación Socio-Cultural Castilla (ASCCAS)Getty Images, Wikipedia