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Nacionalidades Históricas versus Naciones Culturales

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Nacionalidades Históricas versus Naciones Culturales

La organización territorial de la Península Ibérica ha suscitado desde siempre un gran debate entre los intelectuales a lo largo de la historia. Esta controversia ha llegado hasta nuestros días adaptándose a las nuevas formas de comunicación como son las redes sociales, los blogs o los canales de YouTube. Puede deberse en gran medida a la diversidad de pueblos que han pasado por nuestro territorio y a las diferentes regionalizaciones que impusieron, que han quedado en el imaginario colectivo. Pero también a la distinta herencia cultural que dejaron en cada zona y al decrecimiento de algunos lugares en pos de otros que han centralizado todo con los años. Por ejemplo, Cartagena (de herencia más cartaginesa y romana) frente a Murcia (de herencia más islámica).

En los principales debates en torno a la reorganización territorial de España, y dejando de lado a los conservadores contrarios a cualquier reforma, casi siempre despuntan dos corrientes que suelen chocar: la historicista y la antropológica. La primera defiende las regiones históricas y la segunda está más a favor de las regiones culturales. No obstante, en algunas partes ambos factores coinciden. Por si no fuera poco con esta dicotomía, la cosa se complica más aun cuando se confunden términos clásicos como corona y reino o cuando quieren encajar las regiones, ya sean históricas o culturales, sobre las provincias actuales, cuyos límites son meramente administrativos.

Comenzando por el primer movimiento, el historicista, muchos quieren volver al mapa preautonómico de las regiones históricas, llamadas a veces nacionalidades históricas. Sin embargo, como ya estaba basado en las provincias, ya se habían modificado los límites originales de las regiones históricas también. Otros, en cambio, prefieren volver a los límites de los antiguos reinos anteriores a 1833, año en que se crearon las provincias, basadas en los principios racionalistas de la Época Moderna.

Nacionalidades Históricas (entidades históricas peninsulares e insulares que componían la Monarquía Hispánica)

Reino de Castilla, Reino de Aragón, Reino de León, Reino de Navarra (Principado de Viana), Reino de Granada, Reino de Toledo, Reino de Valencia, Reino de Galicia, Reino de Mallorca, Reino de Menorca, Reino de Sevilla, Reino de Córdoba, Reino de Murcia, Reino de Jaén, Reino de Algarve, Reino de Portugal, Reino de Algeciras, Reino de Gibraltar, Reino de las Islas Canarias, Principado de Asturias, Principado de Cataluña (Principado de Gerona, Ducado de Montblanc, Condado de Barcelona, Condado del Rosellón, Condado de la Cerdaña, Condado de Cervera y Señorío de Balaguer), Principado de Andorra*, Señorío de Vizcaya, Señorío de Molina, Valle de Arán*

*Principado de Andorra: nunca ha formado parte de la Monarquía Hispánica directamente aunque uno de sus dos copríncipes es el Obispo de Urgell desde 1278

*Valle de Arán: aunque no aparezca entre los títulos heredados por la Monarquía Hispánica, desde 1313 tiene instituciones propias diferentes a las de Cataluña

Pero además, el relato de la (re)conquista lo basa todo en el eje Norte-Sur anulando con ello la entidad de algunas regiones meridionales, como si carecieran de historia propia antes de la conquista cristiana durante el Medievo.

Tipo de asimilación de los Reinos Musulmanes

  1. Nombre colonial: Extremadura Leonesa y Extremadura Castellana (Reino de Badajoz), Castilla La Nueva (Reino de Toledo)
  2. Desaparición: Reino de Zaragoza dentro del Reino de Aragón, Reino de Nájera dentro del Reino de Castilla
  3. Mantenimiento de la misma denominación: Reino de Valencia, Reino de Murcia
  4. Nueva denominación genérica: Reino de Sevilla, Reino de Jaén, Reino de Córdoba, Reino de Granada, Reino de Algeciras-Ronda, Reino de Gibraltar y Reino de Niebla dentro de Andalucía

Por otro lado, el segundo movimiento, fundamentado en la antropología, defiende que las entidades deben ser regiones culturales o etnográficas, ya que los límites históricos son más resultado de las élites gobernantes y de las guerras que de sus pueblos. Por eso se produce normalmente una distorsión entre los límites históricos y los culturales. La biogeografía, sin embargo, sí influye notablemente en la cultura de un pueblo y, a veces, incluso hasta en algunos límites históricos aunque no en todos. Otros rasgos que definen las regiones etnográficas son sus costumbres, tradiciones, fiestas, trajes típicos, bailes e instrumentos tradicionales, arquitectura popular o variedad lingüística propia, ya sea considerada lengua o dialecto. Buen ejemplo de ello sería La Mancha y Levante o Sureste.

Síntesis extraída del «Manual de Folklore» de Luis de Hoyos Sainz y Nieves de Hoyos Sancho

Regiones antropológicas (regiones esenciales)

Regiones focales

Cantábrica (céltica, alpina o centroeuropea): con comarcas focales como Asturias de Santillana, Eo-Navia y Lugo, donde se dan la máxima exaltación de los rasgos

  • Extremeña (incluido el oeste de Toledo y Ciudad Real y el noroeste de Córdoba)

Levantina (mediterránea, ibérica, norteafricana, berberisca)

  • Aragonesa (sin Pirineos)

Vasca (Paleolítico Superior, mayor antigüedad)

Fuera de las regiones focales

Andalucía Occidental o Bética (Mediterráneo Oriental y Asia Menor): litoral de Huelva a Málaga

  • Cádiz (prefenicios)

Castilla la Vieja (hombres de Cromañón, germánicos, nórdicos, visigodos)

Contraste con las vecinas o complejidad de razas

Galicia

  • Galicia Litoral Atlántica y Orense (rompen la unidad con la Cantábrica)

Cataluña (propio valor geoclimático, multitud de estirpes raciales)

Andalucía Oriental, Penibética o Granadina (heterogeneidad antropológica, acogedora de todos los pueblos por la conquista cristiana)

La Mancha (raza neolítica)

Regiones de transición

Murcia (asimilados a los tipos valencianos o almeriense-granadinos)

La Rioja (raza del Ebro de época neolítica, disociada de Aragón, la Baja Navarra y Burgos y Soria)

Menos destacadas, admitidas por algunos autores, por su actividad económica o por su exaltación literaria o artística

La Montaña (no puede separarse de la región Cantábrica)

La Alcarria (no hay razón para desglosarla de la zona Serrana o Castellana)

El Bierzo

La Maragatería

Valle del Pas y Valle de Mena

Las Encartaciones

Ribagorza

Zonas (conjunción de raza y pueblo, unidad de lo antropológico con lo etnográfico)

Pirenaica (característica cultura protoibérica desde la Prehistoria, población vasca fue reduciéndose hasta la zona actual y la catalana es producto del mestizaje): desde el Ampurdán hasta Navarra y Guipúzcoa e incluso por algunos caracteres hasta Cantabria

Oeste (biogeografía, minería, ganadería): desde León hasta Extremadura y hasta el litoral de Huelva, entre el Guadiana y el Guadalquivir (que se correspondería con nuestra región de Beturia)

Serrana Central o Carpetana (prolongación de los elementos del Oeste, pastoreo): desde las Sierras de Gata, Francia y Gredos hasta Soria

Regiones seroantropológicas

Las que más se separan de la media española

Vasca y cántabro-asturiana (raciología atlanto-europea, predominio de 0, mínima representación de A y casi falta de B)

Bética (antípodas del norte pero también separada de casi todas las regiones)

Cifras y relaciones determinativas para valorizar carácter hemático

Aragón (raza del Ebro, corriente hemática desde desembocadura en Cataluña hasta nacimiento del río en Cantabria): gran diferencia entre la zona de los Pirineos o los Montes Universales con el Valle del Ebro

León (diferenciación por el porcentaje del grupo mixto AB, incluido Valladolid)

Más parecidas al promedio nacional debido a su historia

Extremadura

Castilla la Vieja

Andalucía Oriental o Granadina

Heterogeneidad racial

Galicia: continuidad con Norte de Portugal

Cataluña: no tanta continuidad con el Levante mediterráneo

Levante (corriente descendiente del grupo 0 como región vasco-cantábrica y aragonesa, no presenta analogía hemática con el litoral andaluz): Comunidad Valenciana y Murcia

La Mancha: más relacionada con Aragón que con Levante y más con Levante que con el Oeste, fácilmente distinguible de Extremadura

  • Madrid: aunque a veces se considera manchega, hemáticamente y anatómicamente es el resultado de la síntesis de las regiones del Norte y el Oeste y muy poco del Este y del Sur

IDEAL

Contrastes y dualidades: Regiones matrices

Convergencia o unidad de origen

Región Cantábrica

  • Extremadura

Región Valenciana

  • Aragón (sin Pirineos)

Divergencia de hombres y mujeres

Reino de Granada, Murcia y Albacete

  • Almería: homogeneidad racial

Contrastes

Zona Serrana Central o Carpetana

Indiferentes

Bética

Cataluña

Cuencas medias del Duero y del Tajo

Dualidad

La Mancha: tipos Quijote respiratoriocerebral y Sancho Panza musculardigestivo

Bética

  • Córdoba: tipo de formas, modos y gestos romanos y tipo cenceño y movible arabizado

Galicia costera

León montañoso

Sin dimorfismo masculino

Región Leonesa (sin montañas)

Castilla

Cantabria

Extremadura: como recoge la tradición literaria, el mendigo parece señor y el aldeano, hidalgo

Contrastes regionales

Cantabria con Castilla y con León

País Vasco y Navarra con Aragón

Valencia con La Mancha y con Murcia

Tarragona con sus aledaños

Almería con sus aledaños

Valladolid con sus aledaños, de forma más atenuada

Bética con Granadina

Color de ojos, cabello y piel

Aragón con Cataluña

La Mancha con Valencia

Tipos raciales análogos (incluidos grupos sanguíneos)

Extremeños de Extremadura y Portugal

Miñotos de Galicia y Portugal

Ribereños del Guadiana terminal y del Duero medio

FOLKLORELUISHOYOS

Pero con el paso del tiempo, la identificación en algunos casos se va perdiendo, bien porque hay algunos nombres históricos que coinciden para capital, provincia y región (Reino de Valencia, Reino de Murcia, Reino de León, Reino de Granada) o bien porque hay zonas culturales que han quedado partidas entre diferentes provincias o autonomías y ya no se reconocen entre sí y toman a la otra mitad como la otredad (Sierra del Segura). Además, también hay ciertas zonas híbridas o de transición (El Bierzo, Ribagorza, La Rioja, Los Pedroches…) difíciles a veces de adscribir a una o a otra región, ya que presentan influencias variadas y que incluso podrían conformar una nueva región propia como resultado de la síntesis de esta mezcolanza. Tampoco hay que olvidar que, antes de los reinos configurados hasta 1833, y en los que se basaron grosso modo las regiones y posteriores autonomías, también habían existido otras divisiones administrativas unidas por un sustrato que todavía permanece diluido en el tiempo y en el mapa.

Además, mención aparte deben tener los pueblos errantes que viven en España desde hace siglos y que algunos no se adscriben especialmente a ningún territorio en concreto, sino que tienden a la dispersión, dentro y hasta fuera de nuestras fronteras. Por eso yo propondría una nueva figura jurídica llamada “comunidad autónoma no territorial” para dotar de autogobierno a estas minorías, y que se sintieran representadas en igualdad de condiciones con el resto de comunidades autónomas (territoriales) a pesar de carecer de territorio propio. No incluimos en este caso a otros pueblos nómadas como pasiegos, maragatos, agotes o vaqueiros de alzada, entre otros muchos, ya que normalmente se asocian a territorios en concreto, aunque si no se sintieran representados o identificados dentro de sus territorios también podrían optar a esta especie de Consejo del Pueblo.

Posibles Comunidades Autónomas No Territoriales

Comunidad Autónoma No Territorial de Al-Ándalus (moriscos)

Comunidad Autónoma No Territorial de Sefarad (sefardíes)

Comunidad Autónoma No Territorial de Sersé (gitanos y mercheros)

Pero quizás algunos os preguntaréis por qué tanta gente sigue debatiendo sobre este tema en la actualidad. Y la respuesta la tienen el sentimiento, la identidad, la aculturación o el centralismo. Si antes había un centralismo madrileño en toda España, ahora hay 17 nuevos centralismos, es decir, ciudades que gobiernan a otras ciudades y comarcas desde su perspectiva, normalmente invirtiendo más allí en detrimento del resto e imponiendo su cultura a toda su comunidad autónoma, invisibilizando otras identidades culturales que se van perdiendo con el tiempo y creando un falso sentimiento de pertenencia a esa cultura ajena. La marginación socioeconómica y la pérdida de identidad son el caldo de cultivo para que muchos sigamos alertando sobre la importancia de mantener vivo el debate sobre la reordenación territorial de nuestro Estado. Para nosotros, lo ideal sería conjugar los aspectos históricos con los culturales.

Algunos sectores de la población critican el autogobierno de cada región histórica o cultural o de cada pueblo acusando de cantonalistas o taifas pero lo que está claro es que si estos debates continúan vigentes es porque España es muy diversa y compleja y porque todavía no se ha solucionado el encaje territorial después de siglos. De hecho, no sería de extrañar que el cantonalismo moderno o los medievales reinos de taifas fueran sólo una evolución en las formas de los numerosos pueblos prerromanos que habitaban la Península Ibérica desde la Antigüedad. Por eso desde aquí decimos sí a la igualdad en derechos y deberes de todos los españoles pero no a la uniformidad.

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Mapa de la Península Ibérica e Islas Baleares con todas sus lenguas y dialectos

 

Las regiones de Beturia y Granada comienzan a despertar del letargo

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Las regiones de Beturia y Granada comienzan a despertar del letargo

Beturia y el Reino de Granada están cansadas ya de ser siempre las últimas, de encontrarse a la cola de este Frankestein apodado Andalucía, con epicentro en Sevilla, que va devorando todo lo que está en sus dominios y arrinconando cada vez más a la periferia.

En los últimos meses, la histórica región del Reino de Granada se ha puesto en pie de guerra contra la supremacía sevillana. Parece que por fin ha despertado después de un largo letargo desde la creación del ente autonómico que aglutinaba a los antiguos reinos de Sevilla, Granada, Córdoba, Jaén y Algeciras. El detonante no ha sido otro que el anuncio de la Junta de su intención de fusionar los hospitales de la capital granadina, con el famoso médico Jesús Candel, más conocido como “Spiriman”, a la cabeza de esta movilización que se propagó también por Málaga y Huelva. A este hecho le siguió la reivindicación del AVE para Andalucía Oriental, que lleva mucho tiempo incomunicada del resto de España por la red ferroviaria, encabezada por plataformas como Granada en Marcha o Marea Amarilla.

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Jesús Candel, “Spiriman”, el revolucionario médico granadino

Pero como no tenían bastante los granadinos con el tema de los hospitales y trenes, ahora el Colegio de Abogados de Sevilla ha instado al Consejo Superior del Poder Judicial y al Ministerio de Justicia a traspasar competencias del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que se encuentra en la Real Chancillería de Granada, a la capital hispalense. Esta propuesta está respaldada por los Colegios de Abogados de Cádiz, Huelva y Córdoba. Además, el Colegio de Abogados de Málaga lo ve con buenos ojos, ya que también reclama la creación de una sección penal para su ciudad.

Por parte de Granada, esta proposición se ve como un desmantelamiento de la capitalidad judicial de Andalucía que ostenta la ciudad y un nuevo abuso del centralismo sevillano mientras que para Sevilla y Málaga significaría una descentralización judicial y un equilibrio de fuerzas en el territorio de la comunidad autónoma. Ya que apelan a la descentralización judicial, también podrían apelar a la descentralización administrativa y comenzar a otorgar más poder a las diferentes zonas, no gestionando por ejemplo la Alhambra o Sierra Nevada desde Sevilla.

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Real Chancillería de Granada, actual sede del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía

Por nuestra parte, Beturia también se empieza a movilizar, y en especial Beturia Túrdula o Balutia, ya que se están creando diversas plataformas para reivindicar los Fondos Miner que deben a la comarca minera del Alto Guadiato y también para reclamar mejoras en peligrosas vías de comunicación, tales como la N-432 (futura autovía A-81) y la N-430 (futura autovía A-43).

Sin embargo, todavía queda muchísimo por hacer, ya que los betures y los balutíes somos un pueblo que llevamos hibernando muchos siglos, a merced de lo que quieran disponer los señores feudales, los caballeros de las órdenes militares o ahora los políticos autonómicos o provinciales. Hemos olvidado nuestro carácter guerrero celta (algunos historiadores sitúan en Beturia el origen de Viriato), visigodo (Reino de Ardabasto) y bereber (Emirato de Creta y República de Salé) y nos conformamos con ver pasar el tren; bueno…¿qué tren? si teníamos dos líneas de ferrocarril (Córdoba-Belmez-Almorchón y Fuente del Arco-Peñarroya-Puertollano) que vertebraban Balutia y ya sólo permanecen en nuestro recuerdo, sin ni siquiera luchar por exigirlas. Al menos los granadinos se están organizando y manifestando por sus trenes, al igual que asturianos, leoneses y extremeños con el Movimiento por el Tren de la Plata. Incluso Los Pedroches, después de estar al pie del cañón durante 25 años consiguieron su estación de AVE. Pero el Guadiato sigue plácidamente durmiendo en su valle encantado que pronto se convertirá en fantasmagórico si sigue sin luchar por nada.

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Antiguas líneas ferroviarias de Balutia: Córdoba-Belmez-Almorchón y Fuente del Arco-Peñarroya-Puertollano

Y lo peor de todo es que, pese a sufrir la marginación constante en la periferia, la mayoría de los betures y balutíes y los granadinos, levantiscos o suresteños siguen bailando al ritmo de sevillanas, taconeando en la Feria de Abril, olvidando su verdadera historia y cultura, sin defender su identidad propia, absorbidos por ese embrujo tan atrayente que ejerce la metrópoli del Valle del Guadalquivir.


Fuentes:

ABCdeSevilla

Blog Hoy Salgo en Moto

Wikipedia

El Español

Balutíes por el mundo (II): la República de Salé

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Balutíes por el mundo (II): la República de Salé

Para celebrar estas fiestas y poco antes de finalizar el año, volvemos con una nueva entrada dedicada a la historia de los antiguos habitantes del territorio que bautizamos como Balutia, y en definitiva, dedicada a nuestra historia, a la historia de nuestros antepasados, historia olvidada o ignorada en la mayor parte de los casos.

Para poneros en situación, nos remontaremos al año 1610, en el que el rey de España, Felipe III, ordena la expulsión de todos los moriscos de la Corona de Castilla por Real Decreto; éste no era un hecho aislado, ya que también iba acompañado de la expulsión de todos los moriscos en la Corona de Aragón. En esa época, se llegaron a desterrar de su país a 300.000 personas aproximadamente, gentes que llevaban viviendo en España generación tras generación al menos durante 9 siglos y eran tan españoles como los castellanos, aragoneses y navarros o como los sefardíes, que también serían expulsados anteriormente en 1492 por los Reyes Católicos. Por otra parte, la expulsión de los moriscos venía precedida por numerosos intentos de conversiones forzosas o exilios y de aculturación propiciada por la Monarquía Hispánica, con sus consiguientes rebeliones, guerras y deportaciones hasta que finalmente llegaron los decretos de expulsión de España.

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Embarco de moriscos en Valencia tras su expulsión

La mayoría de esos moriscos expulsados, se exiliaron en la Berbería y en el Imperio Otomano aunque algunos lograron arribar a América durante la colonización, según las crónicas de la época, aunque lo tenían terminantemente prohibido también. Así fue como Argel, Orán, Tetuán, Fez, Tánger, Tlemecén, Xauen, Túnez, Salónica, Estambul, El Cairo o el Líbano, entre otros, fueron creciendo en población e integrando a la vez la cultura morisca en sus cimientos.

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Desembarco de moriscos en Orán (Argelia)

Pues bien, de esos 300.000 moriscos expulsados de toda España, nos centraremos en los 3.000 que fueron expulsados de Hornachos, localidad extremeña situada actualmente en la comarca de Tierra de Barros. Aunque Hornachos no formó parte de la cora de Fahs al-Ballut durante la época islámica, ya que pertenecía a la cora de Mérida, sí que formó parte de la Beturia Túrdula bajo el nombre de Fornacis; por ese motivo, tratamos el tema.

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Ubicación de Hornachos en la comarca de Tierra de Barros, en la Baja Extremadura

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Fornacis, Hornachos en la Beturia Túrdula

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Panorámica de Hornachos frente a su Sierra Grande

Los hornacheros, que habían embarcado en el puerto de Sevilla, se instalaron primeramente en la ciudad mediterránea de Tetuán, lo que fue aprovechado por Muley Zaidán para reclutarlos para la lucha por el poder contra su hermano Muley Xeque, ambos hijos del sultán Ahmad al-Mansur de Marruecos, que había fallecido en 1602. Aunque Muley Zaidán fue el vencedor, ninguneó a los moriscos que le habían ayudado a ganar la batalla haciendo que éstos maldijeran la Berbería y desertaran para finalmente establecerse en la desembocadura del río Bu Regreg, en la costa atlántica. Al llegar a esta desembocadura, se asentaron en el margen izquierdo del río, en la ciudad apodada como Salé la Nueva (actual Rabat, capital de Marruecos), ya que en la orilla de enfrente se situaba la ciudad de Salé, que aunque poblada también por moriscos, se trataba de andalusíes exiliados mucho tiempo atrás, por lo que rechazaron a los hornacheros recién llegados, que se distinguían de sus congéneres por los siglos de más de aculturación cristiana en la Península Ibérica que quedaba patente en aspectos como la vestimenta, la lengua castellana, nombres y apellidos o su islamización puesta en tela de juicio, llegando incluso a ser apodados como “los cristianos de Castilla”.

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Ubicación de las ciudades de Salé y Salé la Nueva (Rabat) en la costa atlántica de Marruecos

Las ciudades de Rabat y Salé eran utilizadas por el sultán marroquí como base de los corsarios o piratas para que atacaran la flota europea y cometieran incursiones en los países cristianos desde el tiempo de las Cruzadas y, sobre todo, a partir de la toma de Constantinopla (1453) por los turcos otomanos. Entre estos corsarios, se encontraban principalmente berberiscos y turcos otomanos pero también europeos renegados, sobre todo holandeses, ingleses y franceses. Sin embargo, los moriscos hornacheros fueron los que ejercieron mayor influencia y poder en estas ciudades costeras y en 1626, aprovechando la debilidad del sultanato marroquí y con el beneplácito del caid (gobernador), Sidi al-Ayachi (de etnia morabita), declararon la independencia de la República de Salé. Esta república corsaria atrajo a numerosos refugiados moriscos de la Península Ibérica, andalusíes de otras partes de Marruecos y de la Berbería, más renegados europeos, sefardíes pero también comerciantes cristianos. Se hicieron famosas sus incursiones en Ceuta y en las costas del Reino de Sevilla y del Reino de Granada, que pertenecían a la Corona de Castilla y, por ende, a la Monarquía Hispánica. Llegarían incluso a sitios tan lejanos como Islandia.

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Diferentes banderas de la República de Salé

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Mapa de la República de Salé (1627-1668)

La república estaba en todo su apogeo económico cuando se desataron las luchas internas por el poder entre los moriscos hornacheros y los antiguos andalusíes que llevaban allí mucho más tiempo. Finalmente, se resolvió todo con un acuerdo en el que se dividirían equitativamente los 16 puestos del gobierno, el beneficio de las mercancías y esclavos y los derechos de aduanas. Mientras todo esto se aclaraba, los hornacheros por su parte le propusieron un tratado de entrega de la República de Salé a la Monarquía Hispánica de Felipe IV en 1631 a cambio de algunas condiciones, entre las que se encontraban poder volver a su tierra de origen, Hornachos, algo que jamás conseguirían, ya que el acuerdo se interrumpió por nuevas luchas internas acaecidas en 1636, en las que intervendría el Reino de Inglaterra apoyando a los indígenas morabitos y en contra de los moriscos hornacheros. A partir de 1640, la república cayó en manos de los berberiscos del Valle del Muluya hasta que en 1668, fue reintegrada en el Sultanato de Marruecos, bajo la recién llegada dinastía alauí, procedente del Reino de Hedjaz (en la actual Arabia Saudí), que actualmente sigue gobernando el país. Sin embargo, mantendría su actividad corsaria hasta 1829.

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Puerta de la Casba (alcazaba o fortaleza) de los Udayas, centro de poder de los hornacheros

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Ciudadela de la República de Salé

CON NOMBRE PROPIO

A la República de Salé también se la conoce como República de Rabat-Salé, República del Bu Regreg o República de las Dos Orillas.

Los cuatros moriscos hornacheros firmantes del tratado para entregar la República de Salé a la Monarquía Hispánica fueron Mahamet ben Abdelkader, gobernador de la Casba (alcazaba), el caid (gobernador) Bexer Brahin de Bargas y los escribanos Mumamet Blanco y Musa Santiago.

Entre los piratas moriscos más célebres encontramos a Alonso de Aguilar “El Joraique”, Mami Arráez o Manuel de Guadiana.

También se tiene constancia de moriscos llegados a América durante la colonización como Alvaro González de Hornachos o María Ruiz de Albolote además de esclavos moriscos granadinos llevados por sus dueños.

Muchos de los habitantes de la Berbería (Marruecos, Argelia y Túnez) todavía conservan antropónimos que dejan patente su origen morisco: Carrasco, Palomino, Blanco, Pérez, Rodríguez, Medina, Toledano, Almodóvar, Piro (Pero o Pedro), Balafrej (Palafox), Bargash (Vargas), Mulina (Molina), Baes (Páez o Báez), Sordo, Moreno, Chiquito, Conde, Luis, Méndez, Morisco, Palau, etc.