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Balutia: un nuevo nombre para una ancestral y marginada tierra

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Balutia: un nuevo nombre para una ancestral y marginada tierra

Tras un largo e intenso caluroso verano, en el que no hemos podido publicar por motivos personales y laborales, volvemos con el primer artículo sobre Balutia que hemos conseguido que aparezca en una publicación impresa, en este caso, en el Libro de Feria de Belmez 2016. Se trata de un resumen en el que hacemos un repaso cronológico por la historia de nuestra región además de exponer los argumentos que sustentan nuestras ideas y concepto.

Agradecemos al Ayuntamiento de Belmez que nos haya dejado aportar nuestro granito de arena en esta publicación que llega a la mayor parte de la población aunque no hayan publicado el autor de tal artículo pero como nosotros no nos dejamos llevar por el ego personal, que es lo que acaba pudriendo casi todos los proyectos humanistas y culturales asociativos, estamos contentos y celebramos la difusión de nuestro argumentario y de este incipiente regionalismo balutí y betur.

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Fuente: artículo publicado por Fran Gallardo en el Libro de Feria de Belmez 2016 con imágenes de COVAP (Cooperativa Ganadera del Valle de Los Pedroches) y del libro Proyecto de una nueva división territorial de España de Lucas Mallada.

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Columna literaria: “En el doblao”

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Columna literaria: “En el doblao”

La confusión de conceptos impera en nuestros días. La desvirtuación terminológica gobierna la sociedad. Ya muchos no sabemos ni lo que decimos o, mejor dicho, ni lo que queremos decir. Uno de los términos que se confunden es el de cultura. La mayoría entiende cultura como sinónimo de industria cultural. Relegan la verdadera cultura, inmaterial, a mero folklore. La desprestigian con el apelativo de “popular” que contraponen a élite. Cuando en realidad la cultura elitista es artificiosa per se y la cultura popular es intrínseca a la naturaleza humana. La cultura de una comunidad  es todo aquello que la hace existir y la diferencia de otras. La lengua o dialecto, la música y el baile, la gastronomía, las fiestas, tradiciones y costumbres, la vestimenta y la arquitectura. En España, tenemos una manía imperiosa de obviar los rasgos culturales; de asimilar las regiones culturales con los entes político-administrativos. Estos entes artificiales serían las élites y las zonas culturales, el pueblo. Pero la aculturación desde las élites absorbe al pueblo, olvidando su cultura matriz. La uniformidad autonómica gana adeptos a los que no les interesa nada más que controlar al rebaño. Da igual que sean churras o merinas. Lo importante es que estén bien aleccionadas desde pequeñas. Ovejas que llevo viendo desde que tengo uso de razón. Y no puntualmente de excursión a una granja escuela con el colegio. Provengo de un valle muy verde y ondulado que visualmente podría confundirse con alguno del norte peninsular. Pero solamente nos conformamos con ser el “doblao” de Andalucía. Es una dehesa infinita donde las encinas, y no los olivos, son la arboleda reinante. También hay cerdos pero ésos los hay por todo el país. Por allí no pasa el AVE aunque solamos usar esa muletilla al acabar las frases. Nuestra habla cantarina y desganada es idéntica a la de Extremadura pero según la Junta, todos hablamos andaluz y no se hable más, nunca mejor dicho. Quizás lo que falle sea que no tenemos otra lengua distinta al castellano y por eso sea más difícil reivindicar nuestras raíces. En esa tierra de la que hablo, se baila la jota; perdón, se bailaba, porque ya la sevillana se ha hecho emperatriz del baile y todos tan contentos con la sevillanización. Yo crecí escuchando palabras tan sonantes como “changar”, “engrillotar”, “chinato”, “chispenear” o “pitera”. Palabras que están en el acervo cultural de mi tierra y que no puedo utilizar bajando Sierra Morena porque simplemente no las entienden o se burlan. En mi tierra, no se sesea ni se cecea y se usa la “s” castellana, que no cordobesa ni sevillana. Pero no puedo expresar mi orgullo cultural plenamente y sin complejos porque en el DNI pone que nací en la provincia de Córdoba y en la comunidad autónoma de Andalucía. El capricho racionalista de un afrancesado llamado Javier de Burgos me lo impide. El Estado de las Autonomías construido sobre la artificialidad lo ampara. El sistema educativo perpetúa la supuesta cultura uniforme autonómica que nos ha tocado. La televisión pública ayuda a que nos sintamos andaluces sin darnos cuenta de nuestra particular idiosincrasia. Y sin espíritu crítico, por supuesto que pronto seremos los más andaluces de la región. Sustituiremos el “chacho” por el “illo”, el “ave” por el “ea”, dejaremos de comer “repápalos” y de decir chiquinino al minino.

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Paisaje del Valle del Guadiato, concretamente Belmez

 

FUENTE TEXTO E IMAGEN: FRAN GALLARDO

¿Todavía crees que somos cordobeses y andaluces?

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En esta ocasión, dedicaremos nuestro blog a desmontar el falso mito de la “uniformidad andaluza”, difundido por la Junta de Andalucía y su aparato mediático Canal Sur, mediante seis factores principales como son los geográficos, naturales, socioeconómicos, históricos, culturales y lingüísticos, referidos a Balutia.

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Comenzando por los factores geográficos, nos encontramos en la Submeseta Sur que forma parte de la Meseta, a diferencia de la mayor parte de Andalucía que queda conformada por la Depresión Bética o Valle del Guadalquivir (Baja Andalucía) o por los Sistemas Béticos o Cordilleras Béticas (Alta Andalucía). También formamos parte de la Cuenca Media del Guadiana, cuenca puramente extremeña y castellano-manchega; solamente el río Guadiato es afluente aún de la Cuenca del Guadalquivir. Mientras que Sierra Morena por el sur hace de frontera natural y cultural frente al resto de Andalucía, los Montes de Toledo por el norte nos marcan el límite. No somos la mal llamada Sierra Cordobesa, sino el Valle del Guadiato y Los Pedroches, valle el primero y penillanura el segundo, pero en ningún caso sierra y tenemos nombre propio. Figura-1Siguiendo por los factores naturales, nuestro paisaje más típico es la dehesa, como en Extremadura; es por ello que, como ya explicamos anteriormente, pertenecemos a la provincia biogeográfica llamada Luso-Extremadurense, pues compartimos la misma flora y fauna. En cuanto al clima, poseemos un clima mediterráneo continentalizado, en su piso bioclimático mesomediterráneo, que también nos aleja nuevamente de la mayor parte de Andalucía y nos acerca a la Meseta. Entre los recursos, cabe destacar los recursos mineros, famosos desde los tiempos de la Beturia, que nos distinguían del carácter agrícola de la Turdetania (Valle del Guadalquivir).

cma_FotoDehesa-600x398En cuanto a los factores socioeconómicos, nos basamos tradicionalmente en cuatro pilares: la agricultura, la agroforestería o agrosilvicultura, la ganadería trashumante y la minería. La trashumancia es muy común en otras zonas del interior o del norte peninsular. El único sustento de muchos de los pueblos era la minería que al desaparecer, por su baja rentabilidad en este sistema capitalista y al no dotar de alternativas a la población, produjo una alta tasa de desempleo con la consiguiente emigración, despoblación, envejecimiento demográfico y ruralización, de las más altas de toda la comunidad autónoma andaluza. Otros pueblos, han apostado por la industria agroalimentaria (COVAP) o por el turismo rural.

Denominaciones-origen-ibericoLos factores históricos también demuestran la evolución diferente que se produjo en esta zona. Esta zona llamada Beturia estaba poblada por túrdulos y célticos mientras que la Turdetania estaba poblada por turdetanos. Más tarde, fue denominada Soliente por los romanos por la importancia de la ciudad de Solia, que tenía entidad suficiente frente a Corduba. Durante la época musulmana, pertenecimos a la cora (provincia) de Fahs al-Ballut (en el mapa Al-Belalta), de mayoría bereber y no árabe como en la de Qurtuba o Kambania. También fuimos unas de las pocas zonas en las que los visigodos mantuvieron su feudo tras la conquista musulmana de la península, concretamente el Reino de Ardabasto. Tras la conquista cristiana, fuimos gobernados por las diferentes órdenes militares de la época y nuestra mezcolanza surgió a raíz de ser una zona de encrucijada entre los caminos de Córdoba, Mérida y Toledo y de los continuos cambios fronterizos entre los reinos de León, Toledo, Córdoba y Jaén.

Fahs al-Ballut 2Los históricos están muy relacionados con los culturales que nos acercan más a Extremadura y Castilla la Nueva, ya que los repobladores de nuestra zona durante la Edad Media eran eminentemente extremeños, manchegos y toledanos pero no serían de procedencia muy distinta los inmigrantes llegados durante la Edad Moderna debido al auge minero. Eso, sumado a que estamos limitando con esas regiones y que históricamente hemos tenido mejores vías de comunicación (carreteras, líneas de ferrocarril) con ellas que con el resto de Andalucía, han influido en que nuestro folklore (tradiciones, fiestas, gastronomía, música popular) y nuestro arte (arquitectura popular, artesanía) sea más parecido al extremeño o al castellano que al andaluz. Por ejemplo, nuestra música popular son las jotas, y no las sevillanas ni el vito cordobés, y las tarantas y mineras en las zonas mineras. Por otra parte, también dejaron su impronta la colonia de franceses o alemanes que dirigían las minas.

Jota BelmezPor último, pero no menos importante, los factores lingüísticos (rasgos dialectales) son quizás los que más evidencien nuestros lazos con Extremadura y Castilla. Se trata de una zona distinguidora (entre “s” y “c” o “z”), en la que no existe el seseo ni el ceceo, ambos gozando de plena vitalidad en la mayor parte de Andalucía. También nos caracterizamos por el uso de la “s” apical, la llamada “s” castellana, que nos aleja de las eses andaluzas, ya sea la sevillana o la cordobesa. Utilizamos el pronombre “vosotros” en lugar de “ustedes” que es lo normal en Andalucía Occidental. Alternamos indistintamente tres sufijos para formar los diminutivos: el -ino extremeño, el -ito castellano y el -illo bajoandaluz. Pero lo que más llama la atención a la gente que no es de allí, es sin duda la entonación “cantarina” y a veces algo “desganada” que compartimos nuevamente con los extremeños. Nuestro léxico no se queda atrás y palabras como “pitera”, “changar”, “doblao”, “engrillotar” o la recurrente interjección “ave” o “chacho/acho”, demuestran al visitante que ya hemos dejado atrás Córdoba y Andalucía.

C.A. ANDALUCÍAEspero que les haya gustado este viaje por Balutia. Es sólo una síntesis de lo mucho que les queda por descubrir poco a poco en este blog, que irán saboreando si me acompañan fielmente. Gracias por seguir ahí.